domingo, 9 de junio de 2013

SOLEDAD COMPARTIDA


…Yo llegué primero. Al entrar, observé como el de la melena plateada alternaba en la barra con unos amigos, el buscador de tesoros y el maestro, por lo que me acerqué a ellos y me invitaron a una cerveza.

Poco después llegaste tú. En uno de mis movimientos de cuello, intuitivos e impacientes, con los que giraba la cabeza y dirigía la mirada hacia la puerta de entrada, vi como te asomaste. Nuestras miradas se penetraron para llegar a esos ojos que irradiaban ternura, amor y deseo, esos ojos que anhelaban la soledad compartida…