viernes, 24 de mayo de 2013

Cuando decidieron acercarse hasta ese lugar no se pudieron imaginar que sería un sitio tan concurrido. Los niños que, despues de comerse la "merendilla", correteaban los cerros cercanos y se acercaban hasta la orilla para lanzar sus piedras en una, involuntaria pero obligada, competición, el pescador de caña y algún Caña pescador, perturbaron sus soledades más compartidas.
El rato fue efímero, el lugar idílico, la soledad tumultuosa y la experiencia sublime, pero fue necesaria una segunda ronda de lanzamientos para dilucidar quien abarcó más agua al lanzar su piedra.